Conoce Sondika

 

Los regimientos que se alojaron en Sondika de 1804 a 1830 fueron primero los nacionales, luego los franceses, más tarde los milicianos armados y por fin los realistas y constitucionalistas. En 1804 aparecen en las cuentas municipales anotados 2.200 reales que permiten aclarar que se trataba de soldados de Ibernia, la Princesa y parte de la tropa de Guadalajara.

Durante las guerras carlistas, la deuda líquida que Sondika reconoció ante el escribano Pedro José de Arauco, reunido el concejo bajo la presidencia de Juan Bautista de Etxebarri y Ramón de Bilbao, Fieles Regidores, firmando el oportuno visto bueno los vecinos Ramón de Bilbao, José de Bidea, José de Rola, José Antonio de Atxa, José Antonio de Markaida, José Agustín de Askorza, Pedro Agustín de Kamiruaga y José de Zabala, montaba 26.558 reales y 23 madaverises. En las partidas hay constancia de mensajes, municiones y víveres llevados a Bilbao arriesgadamente durante su bloqueo, a Laukiniz, Durango, Gernika y Mungía.

Al folio 110 se lee que al concejo de Sondika se le llama textualmente “Noble Ayuntamiento”.

Con el devenir de los tiempos, otras efemérides guerreras asolarían también esta anteiglesia cuyo designio desde los lejanos tiempos oñacinos y gamboínos parece que fue el de cubrirse de sangre fraterna.

Los libros parroquiales que, aunque se inician por orden del Concilio de Trento en el siglo XVI, siendo los primeros de 1555 y cuyas primeras hojas han sido arrancadas, pueden encaminarnos junto con otros documentos conservados aún hoy en archivos oficiales. Es de lamentar que se ciñan a pleitos entablados entre convecinos por cuestiones económicas o de lindes de terrenos. En medio de las rencillas locales también es cierto que en multitud de ocasiones se juntaran para apaciguarse mutuamente. A este efecto encontramos una típica acta de sesiones que dice así: En la ermita de San Mamés de Larrea afecta de la Santa Iglesia de San Pedro de Zubia y de San Juan de Sondika a 25 días del mes de abril de 1653 ante mí el presente escribano y testigo parecieron presentes Aparicio de Jauregi, que ha sido de los años de 1651 y 1652 por él y por Francisco de Unzueta su hermano, hoy difunto, para armonizarse con él y por el dicho su hermano con Aparicio de Jauregi, antes citado. Se hallaron presentes a esta concordia Sebastián abad de Gastañaga beneficiado y cura, Juan abad de Larraskitu, Diego abad de Zarraga (así bien beneficiados de la dicha iglesia de Sondika) Juan de Belka, Fiel de la dicha anteiglesia y don Diego de Asua Getxo y Martiartu patrón divisero.

Aprovechamos haber citado a este ilustre miembro de la familia Asua para hacer referencia del antiguo documento (5 de enero de 1571) en el que se relata el vínculo que fundaron en favor de don Otxoa Ortiz de Asua y Sangroniz y de doña Agueda de Getxo y Martiartu su mujer, hija de don Ordoño de Zamudio y de Zugasti señor de las casas solares de Zamudio, Zugasti, Getxo y Martiartu, en cuyas páginas aparece el blasón de Asua, fundamento heráldico de las armas de la anteiglesia de Sondika, cuya característica es la de hallarse coloreado. Sin abandonar el tema de los Asua en su relación con Sondika todavía en 1640 se establece otro vínculo de los mismos (a nombre Juan Ortiz de Asua y Martiartu) en contraposición a don lvaro de Mendoza y de su esposa doña Antonia de Zamudio, como de doña Ursula de Goronda y consorte, sobre la sucesión de las casas de Getxo y Martiartu, que llevaba implicada la de su torre de Sondika.

Eran tiempos en los que los patronos diviseros incordiaban a los adictos o súbditos de sus casas respectivas, diseminadas por todo el Señorío, tanto por sus villas como por sus anteiglesias (o Tierra Llana entre las que se contaba la de Sondika, que se escribía entonces como Zondika) y así consta en el libro que el Licenciado Andrés de Poza natural de la ciudad de Orduña y que explica así el nombre de anteiglesia que nos parece conveniente repetirlo: En otros tiempos antiguos fue establecido por la Iglesia que los obispos y prelados pudiesen dar el feudo a los legos que hubiesen servido los diezmos de la Iglesia y como el concilio Lateranense fue celebrado el año de Nuestro Señor de 1579 siendo papa Alejandro III se vedase que de allí en adelante en ninguna manera prelado alguno diese los dichos diezmos en feudo y que los legos del todo fuesen dados por incapaces para haber y gozar los dichos diezmos. Los caballeros de Bizkaia que de antiquísimos tiempos anteriores se hallaban patrones de las dichas poblaciones y señores de sus diezmos, como aún hoy en día los son (recordemos que hablamos de una publicación realizada en 1587), se acordaron en que para más notoriedad y para mejor conservación de su derecho inmemorial fuesen llamadas las dichas poblaciones Anteiglesias: en el cual nombre se apunta muy breve y elegantemente que los diezmos y patronazgos de estas iglesias fueron prescritas o enfeudadas mucho antes que la Constitución de este Concilio Lateranense. En efecto, sólo estos dos títulos de feudo o prescripción inmemorial eran los que entonces fueron exceptuados.

Seguimos recogiendo el texto del Licenciado Poza: de aquí es que los caballeros y Parientes Mayores de Bizkaia fundan y justifican los diezmos que llevan y a este mismo título el Rey, además señor de Bizkaia, también tiene y goza sus patronazgos y diezmos en conformidad de la ley que así lo siente en título 5º, libro 1º de la nueva Recopilación que hizo el Rey Don Juan I año de 1390. Sabido es que en estos tiempos, absorbidos en la relación del Licenciado Poza, los límites del Señorío de Bizkaia eran mayores que los de ahora pues contenían la villa de Castro Urdiales (hoy de Cantabria) y el valle de Llodio, perteneciente actualmente a Alaba.

Es cierto que por asunto de límites que hoy llamaríamos de límites provinciales se originaron auténticas refriegas dialécticas entre Cantabria, Alaba y el Señorío de Bizkaia que ocupan archivos de sus jurisdicciones.

Podemos encontrar paralelos a estas desavenencias civiles con las múltiples que en razón a la jurisdicción eclesiástica se registraron en la iglesia de Sondika, con la de Lujua y Erandio; a veces sobre la dotación de sus patronos (1619) o de la cantidad en metálico, producto de la venta de vino que les pertencía de su despacho en la taberna de Uribe (1626), como por razones tan extrañas como el desembarazo de las tierras de Cantera y Arbolado del monto de Berriz que gozaban los herederos de Don Joaquín Alejo de Landa (1764) que estaba vinculado a la parroquia de San Juan Bautista de Sondika como beneficiado.

Respecto a este grado de beneficiado, desde muy antiguo, ante el Obispado de Calahorra, a cuya jurisdicción pertenecía dicha anteiglesia, se vieron multitud de pleitos a solicitar la ocupación de vacantes que quedaban a la muerte de otros presbiteros que lo habían gozado. Así, en 1651, Domingo de Ibarra solicita el beneficio entero vacante por defunción de Don Diego de Zarraga. Dicha prebenda la habían fundado Don Pedro de Sarabia caballero de la Orden de Santiago y Don Diego de Asua, Getxo y Martiartu.

En 1707 optaba para otro beneficio de Sondika Don Francisco Antonio de Uribarri natural de esta anteiglesia, clérigo de menores, por el cabildo y beneficiados de la Capellanía en calidad de Sochantre. En 1710, asimismo Don José de Aresti, natural de Sondika, deseaba servirse de la renta perpetua que en favor de dicha anteiglesia habían fundado sus propios padres Martín de Aresti Elorrieta y María de Ansobiaga y Gasteluaga.

En 1763 era el cabildo quien pleiteba contra Ignacio y Bautista de Zarraga, Martín de Bidea y Marta de Elordui sobre réditos de una renta perpétua propiedad de la iglesia.

En 1808, Diego de Etxebarria vecino de Sondika pleiteaba contra Juan Saturnino de Belka, clérigo, Juan Bautista y Pedro Manterola, vecinos de Erandio, así como contra Manuel de Belka y Antonio de Etxebarria, sus fiadores por 6.000 reales de vellón, cifra de una herencia que la parroquia de Sondika podía reclamar.

En 1820, Mariano de Ibarreta amparaba también otros bienes concursados por la parroquia.

En 1844, el párroco remataba la sisa del vino en las ventas de Artxanda y Berriz con Pedro José de Aransolo, vecino de Bilbao, a favor de la feligresía.

En 1819, los propios fieles regidores Juan Antonio de Landa Zarraga (que consta que no sabe firmar) y don Manuel de Sangroniz, ante José Javier Etxebarria, Juan Ignacio de Urkidi, Manuel de Markaida y Manuel de Uribe, sostienen juicio contra Agustín de Aurrekoetxea en presencia del escribano Antonio Atxutegi. Su abogado fue el licenciado Francisco Javier de Elexpuru. El asunto era que dicho Agustín de Aurrekoetxea en la noche del 24 de agosto de 1819 y provisto de una navaja arremetió contra dichos regidores porque estaban consumiendo cántaras de vino sin pagar por ellas y, en cambio, él debía de dar por ellas una contribución. Aún así, Aurrekoetxea estuvo preso en Bilbao cuatro días con cepos en los pies pero inmediatamente fue puesto en libertad.

En el historial de los diversos patronos diviseros de Sondika, por esta época tropezamos con la efímera figura de Don José de Barrainjua (u Ordoñez de Barrainkua) y Asua que compartión su patronazgo con los señores de las casas de Sarabia y Susunaga. Esta familia de Asua procederá con el tiempo a fusionarse íntimamente con la de Butron que dio a la Compañía de Jesús algunos miembros ilustres, por lo que en el año 1767, cuando se leyó en el Concejo la Pragmática Sanción por la que el Rey Carlos III expulsaba a los Jesuitas de todas las provincias de la nación española, la anteiglesia que nos ocupa la escuchó con disgusto.

En la sesión del 24 de abril de 1774 se estaba construyendo el camino carretil desde el puerto de Asua por Zabaleta hasta el límite de la jurisdicción de Sondika que es el barrio de las Txarris.

Ayuntamiento de Sondika
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